Escrito por Nacho Prieto, el 15.03.17
‘Raspao’

‘Raspao’

Como si una multitud aguardase mis palabras, tomé aire y muy solemnemente empecé a pensar en todas las cosas que viví en Panamá, que hace varios años dejé atrás en una noche molestamente calurosa pero que ahora rememoraba con benevolencia. Eran muchos los momentos que seguían dentro de mí en ese destino y, por ende, son las huellas de mi existencia en este apasionante planeta, aunque muy pocas conscientes o, mejor dicho, ya muchas olvidadas sin remedio.

Curiosamente, lo primero y más nítidamente que recordaba era el popular ‘raspao’, un postre muy común en Panamá. Muy refrescante y de excelente calidad/precio, preparado sin mucho esmero por vendedores ambulantes, especialmente en zonas de la capital como Panamá Vieja y en la Calzada de Amador, es la versión ‘ístmica’ de un granizado o cono de nieve: hielo raspado rociado con jarabes de sabores muy diversos. Los más solicitados son los de piña, uva, naranja, fresa (conocido como ‘el rojo’) y limón, cubierto con leche condensada, miel o malteada.

El ‘raspao’ me ha parecido siempre, con esa presencia un tanto informal, la quintaesencia de un país que tiene muchas luces y sombras, que está en la cuerda floja por empeñarse en deambular por el limbo de un desarrollo engañoso.  Pero a la vez mantiene una atracción casi imantada -como ese económico ‘raspao’ junto a tus ojos en un día asfixiante- con la casi orgásmica flora y fauna del país. Panamá trabaja por ser uno de los pioneros en ecoturismo y es reconocido como uno de los pocos destinos internacionales con verdaderas opciones de turismo ecológico, pero hay mucho camino por hacer, y nada más llegar se nota, y eso sin ser ni mucho menos un experto en la materia.

Con atractivos como el águila harpía, la rana dorada, las mariposas del Valle de Antón o las más de 1.000 especies de orquídeas, la visita a este país centroamericano no necesitaría más justificaciones. Si a esto se le suma un clima excelente y poder observar el Canal de Panamá, que ya es con su ampliación la mayor obra de ingeniería de lo que llevamos de siglo, estamos en un lugar idílico, pero quizá no ideal. Eso sí, las deficiencias bien se pueden sobrellevar con un ‘raspao’ en un paseo por el Caribe o con otro ‘raspao’ en otro paseo por el Pacífico 70 kilómetros más acá o más allá, según preferencias.

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