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Escrito por Daniel Blázquez, el 09.10.18
¿Por qué es tan popular Los Angeles?

¿Por qué es tan popular Los Angeles?

Pocas ciudades norteamericanas inspiran un imaginario colectivo tan rico como la ciudad de Los Ángeles. Entre estrellas de cine, palmeras esbeltas, persecuciones policiales retransmitidas en directo por helicópteros, y mega terremotos, la gigantesca urbe se ha convertido en un icono mundial que transciende lo material de sus aceras, gentes, y barrios, para transformarse en una idea, casi abstracta. 

La mayoría de las veces sin haber pisado nunca la ciudad, medio mundo sería capaz de pronunciar una opinión bastante detallada sobre ella. Esto es un ejemplo mundial, casi envidiable en marketing de ciudades. Hay quien citaría Hollywood, los Oscars, o la última serie de HBO. Otros hablarían de una eterna primavera en sus playas californianas con surfistas, polis en bici, y una obsesión generalizada por la vida saludable y el aspecto físico, todo amenizado por una banda sonora de los Beach Boys. Sin duda, las mega autopistas de 20 carriles, asfixiadas con el tráfico de la hora punta, que más que hora es jornada, harían acto de presencia. Ideas casi contradictorias, como espejismos. 

Parte de esta intuición colectiva, prácticamente innata, se debe naturalmente a su carácter de ciudad global alfa que da cobijo a 20 millones de almas. Pero hay más razones. El poderío de su industria del entretenimiento es sin duda una de las más importantes. En un radio de 30 kilómetros se concentran los mayores estudios de producción, las agencias de talento más respetadas, y un completo ecosistema alrededor de la ideación, financiación, producción, y distribución de entretenimiento a escala global. Y para los que digan que sólo consumen streaming online, Netflix está en Beverly Hills, Los Ángeles: no en Silicon Valley.  La proyección cultural que esta maquinaria genera, tiene el efecto de inocular imágenes e ideas sobre la ciudad que varían según el tono y mensaje de la peli o serie en cuestión.  

Otra característica que define a la ciudad de Los Ángeles y la hace difícil de entender, casi paradójica, es su carácter de mosaico de comunidades. Al contrario que en el modelo urbano europeo, donde la ciudad se expande de manera consistente alrededor de un único núcleo histórico, en Los Ángeles encontramos, a lo largo de 50 kilómetros urbanos, multitud de centros de atracción y de actividad que una vez fueron ciudades independientes, pero que hoy se han fusionado en un denso tapiz urbano. Durante este proceso de fusión, estos centroides han mantenido parte de su esencia original, y a la vez han asimilado parte del ideario angeleno. Quien respete esta idea, estará más cerca de entender por qué Santa Mónica y Malibú son tan diferentes de Beverly Hills y su Rodeo Drive, o de Compton y Long Beach con su megapuerto conectado mediante autopistas marinas con las fábricas chinas. 

Pero podemos profundizar más allá de la superficie y realmente analizar qué promete la ciudad, y comparar con qué otorga a sus residentes. Y es entonces cuando entendemos que su poder reside en ser un lugar que atrae al soñador, y al emprendedor. Cada cual va buscando su propia versión de Los Ángeles, una especie de Disneyland de oportunidades. No todos lo consiguen, pero todos sienten que han sido parte de una aventura. Pero como al final la historia la cuentan los triunfadores, el mensaje que persiste es el de ser una fábrica de sueños.

En el fondo, la atracción radica en que en Los Angeles cada uno elige su propia aventura. Para apreciar realmente esta diversidad de personalidades y objetivos, vaya bien entrada la noche a un restaurante oaxaqueño, o un food truck con especialidades de Sichuán en las cercanías de su downtown, y entable una conversación. Con el camarero, casi en un limbo, acudiendo sin éxito a cientos de castings. O el ingeniero software que trabaja para Snap o Bird. O el bracero que recolecta toneladas de almendras cada temporada. O el morador diario de Starbucks, con una cartera con una docena de guiones de cine sin terminar. Es posible que no tengan nada en común, o que lo tengan todo en común. 

 * Imágen cedida por Pexels gracias a Jens Mahnke

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