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Escrito por Olivia Belafonte, el 11.06.17
Hacer hygge con un puente entre dos países

Hacer hygge con un puente entre dos países

Los países nórdicos se antojan un territorio profuso en bienestar, una circunstancia que, sin duda, no puede darse si detrás no hay satisfacción. En este marco se encuentra Dinamarca, el país más feliz del planeta, según el último Informe Mundial de la Felicidad.

Su secreto no es nada original, sino una práctica casi milenaria que en los últimos meses está en boca no sólo de estudiosos de esta materia, -esa gran utopía del ser humano-, sino de bloggers e influencers que ya han probado sus beneficiosos efectos. Se trata del hygge (cuya pronunciación es similar a huga), que representa la comodidad, el placer de las cosas sencillas. Seguro que en alguna ocasión ha experimentado esa sensación de bienestar, de disfrutar de las pequeñas cosas alguna vez. ¿Invento danés o tirón editorial? Eso no importa, la cuestión es que puede practicarse en el propio hogar, aunque lo interesante sería hacerlo en territorio danés.

Los daneses están considerados los latinos de los países nórdicos, dada su capacidad para empatizar algo más que sus vecinos del Norte. El respeto y la igualdad son sus grandes características y todo ello queda reflejado en el civismo de sus calles. Como muchos otros países del Norte de Europa, las bicicletas son un transporte de masas. La estampa más típica es fotografiarse al lado de ‘La Sirenita’, siempre que algún vándalo no haya hecho de las suyas en este emblema de la ciudad. Sin embargo, también puede disfrutarse de sus bellos edificios y jardines, con un paseo por el muelle de Nyhavn o tomarse un café en la zona del canal. En este viaje no hay que olvidar el hygge.

El atractivo de Copenhague para el viajero no solamente puede estar en esos pequeños placeres que ofrece esta hermosa ciudad cargada de historia, sino que puede aprovechar para visitar otro país. A poco más de 40 kilómetros por carretera se encuentra la ciudad sueca de Malmö; también está la opción del tren y del autobús para deleitarse con el paisaje. Une ambas localidades el puente de Öresund, una estructura que no llega a los ocho kilómetros de longitud. Malmö se presenta, aparentemente, como un ejemplo de la adicción nórdica al minimalismo, pero entraña sorpresas. Disfrutarlas es cosa ya del viajero.

 

 

 

 

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