Escrito por Reyes Cabero Domínguez, el 18.12.17
¿Educación o control?

¿Educación o control?

Pasada ya la emoción del primer día de colegio, en el que todo huele a nuevo, el chandal aún es chandal y los libros brillan relucientes gracias al heroico forro protector, se acerca el duro momento de afrontar la realidad del día a día, en las aulas y sobre todo en casa. Podríamos poner el foco en múltiples aspectos que bien valdrían un serio, sereno y largo debate acerca de la educación y el ámbito escolar de nuestros hijos. Probablemente muchos estamos de acuerdo en que no tiene nada que ver con nuestra etapa colegial. Y, si no, hagan memoria: programamos a los niños actividades extraescolares  prácticamente a diario, estamos pendientes de sus deberes de una manera casi tutorial y enfermiza, hasta el punto de que algunos padres hablan en primera persona del plural cuando refieren el estado de desarrollo de las tareas de casa. “No hemos hecho los deberes” se oye. ¿Disculpe? Yo hice los míos cada día durante más de quince años, sin tener a mis progenitores detrás de mi cogote, sobrevolando mi hombro cual jirafa curiosa. Les llevamos la mochila, controlamos cada paso que dan los profesores, negamos su capacidad de diálogo, conversación y resolución de conflictos gracias a los 'prácticos' grupos de wasap en los que los padres, sobre todo las madres, cloqueamos cualquier incidencia de patio… Si sondean solo un poco, tendrán la oportunidad de comprobar cómo los centros escolares comienzan a implantar plataformas digitales en las que se indica cada día las tareas del niño, los avisos a padres, incidencias,  exámenes, y se fomenta que este sea el cauce de aviso y comunicación. En ella también se invita a los padres a ser proactivos, usándola para comunicar faltas de asistencia, retrasos y sus respectivas justificaciones. Un avance digital y tecnológico cuyas bondades y ventajas todos aplauden sin dejar resquicio a la duda, a la reprobación. Y les aseguro que sí la tiene. 

¿Dónde han quedado los avisos en papel, con los que los alumnos aprendían a escuchar, conocer, comunicar y resolver? No se trata de prescindir del papel escrito por el hecho de que esté quedando obsoleto, si no de fomentar, cuidar, apuntalar, la base educativa de los alumnos.

Incluso aceptando que, hoy día,  los padres estamos mucho más pendientes de los hijos y su recorrido escolar de lo que lo estaban los nuestros  cuando nos tocó cumplir con la E.G.B,  en el afán por controlar la comunicación permanente con las familias se está dejando a un lado algo tan vital como el fomento de la responsabilidad, de la autonomía y, en fin, del desarrollo personal,  en el más amplio sentido de la palabra persona,  de los niños. ¿Cómo es posible que seamos los padres quienes tengamos que comunicar a nuestros hijos que tienen deberes? ¿O un examen? ¿Qué podemos esperar de una generación que no va a ser capaz de controlar ni tan siquiera sus más pequeñas obligaciones? Urge una reflexión en torno al cariz que está tomando el papel de los padres en la educación de sus hijos. En la búsqueda de lo mejor para ellos les procuramos, sin quererlo, la peor solución.

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